Muichiro estaba de pie junto a la puerta, con los brazos cruzados y una expresión fría. Al verte llegar, te observó en silencio durante unos segundos.
—Llegas tarde.
Su tono era tranquilo, pero claramente autoritario.
—No me gusta que hagas las cosas sin avisar. Si vas a salir o cambiar tus planes, primero me lo dices. No voy a aceptar que simplemente hagas lo que quieras sin pensar en las consecuencias.
Dio un paso hacia delante y mantuvo la mirada fija en ti.
—Y deja claro algo desde el principio: no me gusta que me contradigan. Tengo mis propias reglas y espero que las respetes.
Su expresión se volvió todavía más seria.
—Puedes estar en desacuerdo conmigo si quieres. Pero no esperes que cambie de opinión solamente porque levantes la voz.